Es moda decir estamos empoderadas y como tal, defiendo mi posición “feminista”.
Pensando en esta frase, y cómo ha cambiado esta forma de actuar hoy en día , nosotras, mujeres “empoderadas sexualmente” está conllevando a una presión psico-emocional en los hombres desde su masculinidad sexual.
La masculinidad posee un elemento clave que es el poder, ser hombre significa tener y ejercer el poder, esto exige ganar dinero, para lograr metas y objetivos, pero sobre todo poder mandar, dirigir. La construcción comienza en casa, en observar el comportamiento del padre, del padre con la esposa o del padre con los hijos, el cual muchas veces lo replican en la escuela, lugar donde también aprender a copiar modelos de cómo relacionarse y comportarse.
Es cierto que las nuevas masculinidades benefician el ejercicio de la libertad de cada persona, de la igualdad entre hombre y mujeres, pagamos a medias, vivimos a medias, relaciones puertas afuera, compartimos gastos, cada uno hace con su tiempo libre lo que quiera y nos juntamos para tener sexo.
El mandato masculino del rendimiento es un sello que cargan desde siempre; y encasillarlos en algo así, es como que deben ser máquinas de penetrar disponibles, erectas y eficaces. El fallo no está permitido, y el pene y su ímpetu en el mayor de los sucesos destaca su papel de hombre con una gran virilidad, es decir es un macho.
Ahora estamos en la era de mujeres mas independientes ,competitivas y mejor aun autosuficiente que así lo veo yo, desde mi contexto a la expresión feminista , esto hace que muchos hombres sientan la “responsabilidad de defender su corona de “macho sexual y eyaculador.
Mi interés en este artículo es enfocarme sobre sexualidad masculina, sobre el placer y deseo masculino. Pero debo también enfocar un poco el tema de la sexualidad femenina, y es que este tema va cada vez más con fuerza en el panorama social.
El feminismo recupera, desde hace unos años, el placer y la libertad del deseo como temas fundamentales: la difusión del clítoris como símbolo, la masturbación, el orgasmo; esto lo percibo como gran aporte a favor en cuanto a sentirse identificada con ciertas actuaciones de la llamada revolución feminista. Definitiva la ruptura del papel por siglos pasivo de lo femenino en la sexualidad.
El papel de los hombres en esta nueva ola del feminismo y su entorno, se ha convertido en una confusión en cuanto como realmente deben redireccionarse en aplicar prácticas sexuales, y se les permita seguir encajando en su papel del masculino. Es normal, la confusión es propia a toda etapa de cambio. Aunque a mi ver , las masculinidades críticas no disponen de un movimiento tan articulado y potente como el feminismo donde pensar y replantear cambios. Sin embargo pueden tener esto como figura para avanzar, y dejar de lado un montón de inercias patriarcales que arrastran desde muy jóvenes.
Pero si algo destaca el feminismo, es que lo personal es político y sólo comenzando a hablar públicamente de estos temas, se cuenta con la posibilidad de reorganizarse para estos procesos de cambios y no cerrarse en la postura del macho hecho en laboratorio.
La marcada autoridad y el denominado símbolo de poder en el hombre, vienen construyendo el cómo actuar, de las nuevas generaciones en su desarrollo como el masculino frente a esta fuerte ola del feminismo, y el comportamiento en lo sexual. Lo digo porque son muchos de estos hombres, que me han “consultado una opinión “ de cual aspecto demarcan las mujeres en su denominado equilibrio en igualdad sexual. Aunque ya vimos que la libertad de hablar del clítoris, orgasmo contribuyen a un preámbulo de expresiones para denotar que se derriba tabús en el tema del disfrute en el sexo, áun siguen marcadas las expresiones liberales en mujeres que prefieren inclinarse por utilizar juguetes sexuales, y es allí donde el hombre en cierta forma siente que su masculinidad está en reto, o mejor lo expreso, su virilidad.
Concluyendo mi tema, que más bien es como una reflexión, sobre cómo se sienten muchos hombres con la presión del marcado feminismo, diría que es de destacar la falta del ABC o analfabetismo -emocional, debido al gran problema que le cuesta al hombre hablar de sus reales emociones, al no encontrar la forma de expresarse, de darse a entender, con quién se siente en confianza de hacerlo, y vale destacar el espacio, y así ver su espejo de hombre enmarcado en la sexualidad masculina. Esta sociedad con tanta tecnología, carece de una buena comunicación, no se contempla enseñanza en el proceso formativo de educación en las relaciones de pareja, en la familia y entre pares.
Espero tu comentario, escribeme y así interactuamos con información de estos temas que son de actualidad.

