El matrimonio como rito y concepto de unión legal, es más antiguo de lo que pensábamos. Está documentado por primera vez en Mesopotamia el año 4.000 a.C., en una tablilla donde se especificaban los derechos y deberes de la esposa y el castigo en caso de una infidelidad. En la edad antigua el enlace matrimonial no es otra cosa que un contrato privado entre suegro y yerno en el que se estipulan los intereses de los cónyuges y sus deudos.
Los egipcios fueron los primeros en concebir la idea del matrimonio legal. También permitían que la pareja se conociera antes de casarse. Al momento de casarse, firmaban un documento donde estipulaban las responsabilidades de los esposos y también se contemplaba la posibilidad del divorcio, claro está no era una opción para todos.
Por otra parte, los griegos sólo contemplaban el matrimonio con la única finalidad de concebir hijos y dar continuidad al linaje y las tradición es familiares. Estos celebraban con fiestas religiosas que duraban hasta 3 días entre rituales, festejo y ofrendas.
El imperio romano, veían el matrimonio como una institución de gran importancia, pilar de la sociedad, el emperador Augusto legisló una serie de normas que se debían cumplir, consentimiento de ambos, la edad legal y capacidad jurídica matrimonial y establecía multa a los hombres que cancelaran su boda. Al caer este imperio y llega el auge de la iglesia católica en la edad media, se impone un nuevo concepto de matrimonio. En occidente el matrimonio se convierte en un sacramento cristiano. La realeza organiza sus enlaces nupciales en función de su poder y patrimonio, como una alianza social de poder entre familias.
Por siglos la unión conyugal dio la supremacía masculina, definiendo roles, donde la esposa, será la ama de casa, encargada de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos, sirviendo y subordinándose a su marido quien será el proveedor de la familia. De esta fecha, a la actualidad la idea de matrimonio ha evolucionado mucho y a través de todas las culturas.
Es cierto que la gran parte de las parejas se casan en una unión sagrada para toda la vida, ya sea porque ambos están enamorados. También porque hay una responsabilidad porque viene un hijo en camino.
O por los intereses que tenga cada uno, ya sea que quieren independizarse de sus padres, quieran tener la anhelada casa propia, otras necesitan estar acompañadas, no caminar por el sendero de la soltería, otras necesitan tener un hijo para sentirse mujeres, o parejas para sentirse una familia plena, los ejemplos sobran.
La verdad es que hoy las formas de amarse han cambiado, las mujeres pueden vivir en pareja con otra mujer, y los hombres pueden hacerlo con otro hombre y todos pueden hacer o formar familia. Hay otras y otros que aún viven una dualidad porque aún no deciden asumirse públicamente. Hay matrimonio o uniones donde el amor se terminó, las parejas generalmente se descuidan en su intimidad y la rutina los alcanza y los agobia, ya sea por las responsabilidades del trabajo, por las de la casa, por la crianza de los hijos o por carencias económicas. La relación de pareja se desgasta, se deteriora y se termina.
Aquí nos encontramos con la nueva era de la modernidad. Se divorcian y ambos pueden formar una segunda relación de pareja y ahí están los hijos tuyos, los míos y los nuestros, porque aún nuestra racionalidad machista y cultural nos hace pensar que para ser pareja y para ser familia debemos engendrar o parir, como lo quieras ver, porque la ilusión nos dice que esta vez será diferente. A veces funciona, a veces no y deciden no tener más intimidad, las parejas a los 50 años que llevan años juntos van espaciando sus encuentros sexuales. A los y 60 años muchos quieren separar cama y hasta separar habitación y solo comparten la cama cuando desean tener intimidad, ya no hay regaloneo, ni caricias ni besos a diario y que decir si llega la viudez.
Por eso encontramos muchas mujeres mayores de 50 o 60 años, que se casaron, criaron, educaron, se divorciaron o enviudaron, que viven de sus ingresos, que tienen su autonomía económica, que se sienten bellas, deseosas de experimentar una intimidad sin riesgos, pero puertas afuera.
La construcción de masculinidad no acepta o no ve con buenos ojos esta parte de vivir una relación, con deseo, excitación, exploración, con buena comunicación donde cada uno puede expresar libremente lo que desea y lo que está dispuesto a dar. Cuando se ha fracasado en una relación también hay aprendizaje. Y lo que aprendemos las mujeres a lo largo de la vida es que el placer lo podemos sentir de forma más placentera en nuestra adultez, donde tengamos la confianza suficiente para ir avanzando y probando lo que les guste a ambos, hoy tenemos placer con solo rozar nuestros cuerpos, podemos practicar diferentes formas amatorias o de estimulación a través de los masajes, de hacer con tu pareja mapas eróticos para conocerse más, de incorporar todos los sentidos y podemos decir NO, cuando algo no nos complace, hasta aquí llego yo, o esto no me gusto. Pero hoy tenemos al alcance un mundo de oportunidades y podemos salir con personas de la misma edad, mas jóvenes o mayores o del mismo sexo.
